Cambios en el camino y la maternidad
- 1 abr 2025
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Janeth Rivera B. Mujer, soñadora, química farmacéutico, asesora y consejera de lactancia y mamá.

Mi camino en este mundo nació de mis propias necesidades cuando fui madre por primera vez.
Soy Janeth, una mujer soñadora y muy perseverante.
Estudié químico farmacéutico y estoy certificada como promotora, asesora y consejera de lactancia materna.
Mi camino en este mundo nació de mis propias necesidades cuando fui madre por primera vez. No tenía un entorno de mamás con bebés tan pequeños con quienes compartir dudas y experiencias, lo que hizo que mi proceso fuera un poco solitario.
Uno de los momentos más difíciles fue cuando mi hija tuvo problemas con el peso. Me sentí insegura y con muchas preguntas. Esa experiencia me llevó a buscar información, capacitarme y, eventualmente, a querer acompañar a otras mujeres que quizás estaban pasando por lo mismo.
Hace 9 años me mudé a Chile, y aunque hoy tengo tres hijos (de 10, 6 y 2 años), mis primeros años en este país no fueron fáciles. El primer año fue especialmente solitario. No conocía a muchas personas y me faltaba esa red de apoyo que toda mamá necesita. Sin embargo, descubrí que los espacios públicos, como las plazas, eran un lugar ideal para conectar con otras familias. Fue ahí donde conocí a dos familias que tenían hijos de la misma edad que mi hija, y ese simple hecho marcó la diferencia. Aprendí que las redes de contacto no solo nos acompañan emocionalmente, sino que nos ayudan a encontrar respuestas, apoyo y hasta oportunidades para crecer como mamás y como mujeres.
Siendo extranjera, mamá y emprendedora, las redes de contacto han sido clave en mi camino. No solo han sido un apoyo en la crianza, sino que también han sido fundamentales para construir mi proyecto y poder llegar a más mujeres. La maternidad puede ser desafiante en cualquier lugar, pero cuando estás lejos de tu país, esos desafíos se multiplican. Desde diferencias culturales en la crianza hasta las barreras legales, todo requiere un esfuerzo extra. También está la sensación de no encajar completamente, de no tener la misma red familiar con la que creciste. Sin embargo, con el tiempo, entendí que la comunidad no solo se hereda, también se construye.
No tener familiares cercanos al inicio hizo que cada conexión con otra mamá fuera aún más valiosa. En mi caso, encontré comunidad en los espacios que frecuentaba con mi hija y en redes sociales. Hoy, mis padres viven conmigo y han sido un gran pilar en mi maternidad y en mi desarrollo profesional. Su presencia me ha permitido enfocarme en mi trabajo sin descuidar a mis hijos, algo por lo que me siento profundamente agradecida.
La maternidad nos vuelve más empáticas, y compartir con otras mamás nos recuerda que no estamos solas. Nos permite aprender unas de otras, darnos apoyo y sostenernos en los momentos difíciles. Para mí, estar rodeada de mujeres que entienden mis valores y mi estilo de crianza es un verdadero "espaldarazo", un recordatorio de que lo estamos haciendo bien y a su vez, tener una tribu que nos sostiene.
Creo que podemos fortalecer estos vínculos buscando activamente a otras mamás con quienes nos sintamos afines, creando espacios de conversación y apoyo, ya sea en redes sociales o en la vida real.



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